Vertumno, Dios de los campos

Vertumno, jardines del Palacio de Versalles

Cuando uno encomienda su vida a cuidar de la dura y generosa tierra queda poco tiempo para mirar al cielo; pero en los campos todavía se recuerda a un dios romano de origen etrusco tan apegado a la tierra como los frutos que protegía. Vertumno reinaba sobre las estaciones y los cambios que desencadenaban en la vegetación y los frutos, y era el patrón de los huertos y los árboles frutales. Su nombre deriva del latín verto/vertere -cambiar, transformar-, y alude a su profundo vínculo con el transcurrir de las estaciones; pero también a su asombrosa capacidad de adoptar diferentes formas -tanto humanas como divinas-.

Retrato de Rodolfo II como Vertumno, Arcimboldo

El enigmático Vertumno representaba como ningún otro dios los fascinantes cambios que se dan en la naturaleza con el devenir de las estaciones: bajo su protección, la vegetación y los frutos pasaban de la exuberancia de la primavera a la carnosa madurez del verano; de la ineludible caída durante el otoño a la desnudez del frío invierno. El 13 de agosto se celebraba una espléndida fiesta en su honor, la Vertumnalia, que festejaba el enlace con su amada Pomona, diosa protectora de las frutas y los árboles frutales.

La apasionada historia de amor entre Vertumno y Pomona se narra en uno de los capítulos de las “Metamorfosis” de Ovidio. Dioses y mortales se disputaban el deseo de Pomona -“ninguna entre las latinas Hamadríades ha honrado con más pericia los huertos ni hubo más estudiosa otra del fruto del árbol”-, pero su único amor era el campo -“el campo ama y las ramas que felices frutos llevan”-: se armaba con un cuchillo de podar para recortar las ramas descontroladas, hacer injertos… e incluso cambiaba el curso de las aguas para calmar la sed de aquellas plantas que sufrían la sequía.

Vertumno y Pomona, Jardín del Palacio de Verano de Pedro I (San Petersburgo)

Aunque mantenía su huerto cerrado recibía muchas visitas, entre ellas las de Vertumno disfrazado: de segador -“Oh cuántas veces, en el atavío de un duro segador, aristas en una cesta le llevó, y de un verdadero segador fue la imagen”-, viticultor -“Se vestía unas escalas: que iba a recoger frutos creerías”-, soldado, pescador… e incluso de anciana, cuya forma utilizó para aconsejar a la joven sobre amores: “rehúsa esas vulgares antorchas y a Vertumno de tu lecho por compañero para ti elige (…) Qué de que amáis lo mismo, que los frutos que por ti honrados él el primero tiene y sostiene tus regalos con diestra dichosa”.

La elocuente -“cual parte grande de tus pretendientes, a la que acaba de ver ama: tú el primer y el último ardor para él serás y sola a ti ha consagrado sus años”- y a la vez demandante -“compadécete del que así arde”- loa culmina con Vertumno despojándose del disfraz, y Pomona profundamente cautivada -“al joven volvió, y los aparejos se quitó de anciana, y tal se apareció a ella (…) y en la figura del dios cautivada la ninfa fue, y mutuas heridas sintió”.

Vertumno y Pomona, Rubens

Así fue como ambos dioses unieron sus vidas, compartiendo eternamente esa pasión incondicional por los campos y sus frutos, e inspirando a artistas de todos los tiempos para crear obras de arte tan memorables como “Vertumno y Pomona”, de Rubens -se puede contemplar en el Museo del Prado- o el retrato de Rodolfo II caracterizado como Vertumno, de Arcimboldo.

 

 

 

 

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