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Trabajos en los frutales: poda de formación

Nuestros frutales son parte de nuestra familia: los cuidamos y queremos desde que nacen, cuando son tan pequeños como la palma de una mano. Para que llegue a vuestras casas la fruta más auténtica y jugosa es necesario trabajar en el campo con mucho cariño y esfuerzo durante todo el año, realizando complejas labores que requieren mucho mimo y precisión. Una de las más importantes es dirigir los frutales cuando están recién plantados para que crezcan sanos y fuertes y puedan darnos sus mejores frutos: es lo que se conoce como poda de formación.

La poda de formación es un momento decisivo en la vida de un árbol, porque de ella dependerá el futuro de nuestro pequeño frutal. Se realiza desde el momento de la plantación y durante los primeros años, y su dificultad depende de cada especie: las más indómitas necesitan más tiempo y dedicación para que no se descontrolen, pero nosotros las queremos igual.

Cada árbol tiene su propia forma de crecimiento natural, y es parte de su esencia, por eso nos gusta respetarla y potenciarla mediante las primeras y decisivas podas. Hay que evitar que el árbol crezca asalvajado; pero sin olvidar su porte natural, logrando una estructura de ramas sólida y bien distribuida. ¡Y es un auténtico arte!

Siempre hay una guía, la rama en torno a la que se organiza el árbol. Cuando la rama guía está bien definida, sin ramas próximas que “compitan” con ella, se dejará crecer en altura hasta que alcance el tamaño deseado. En caso contrario, habrá que eliminar las ramas más bajas (“la competencia”), pero manteniendo un buen volumen de ramitas. Una vez que se han formado el tronco y la copa, hay que seleccionar las ramas principales, o ramas madres; la cruz sobre la que se va a formar el árbol entero.

Hay que asegurarse de que sean ramas fuertes y bien distribuidas alrededor del tronco. Es fundamental mantenerlas igualadas, sin que formen ángulos cerrados: así se mantendrá el equilibrio y se evitará la rotura. En los años siguientes habrá que seleccionar también las ramas secundarias que van a ir insertadas en las ramas principales: siempre bien distribuidas y con el ángulo adecuado.

Si se hace bien, lograremos la armonía y las podas de mantenimiento serán mucho más sencillas. ¿A que ahora veis con otros ojos a nuestra familia de frutales? 🙂

 

 

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