La importancia de la agricultura en el paisaje rural

Frondosos bosques, ríos de aguas gélidas y cristalinas, vertiginosos barrancos, preciosas cascadas, espectaculares valles, imponentes montañas, encantadores caminos, coloridos campos de frutales… La riqueza del paisaje de Aragón es inmensa, y hoy os vamos a enseñar a valorarla de otra forma. Buena parte de esa belleza es fruto de la caprichosa naturaleza, es cierto; pero el paisaje rural está esculpido en gran medida por el trabajo de agricultores y ganaderos, que mantienen vivas algunas zonas que de otra forma quedarían olvidadas.

La palabra “paisaje” procede del sustantivo latino pagus, que quiere decir “campo“, “tierra“; y también “pueblo, o aldea” según otras acepciones. Es decir, tiene una profunda vinculación con la idea de pertenencia, de patrimonio. Durante cientos de años las gentes han ido salpicando el duro y generoso territorio aragonés de pequeñas grandes obras que humanizan el paisaje, dotándolo de verdadero significado; de vida. Huellas en las que tal vez no hayáis reparado y que hablan de esfuerzo, sacrificio y verdadero amor por la tierra: un caminito rural flanqueado por frutales, campos cultivados en terrenos abruptos, sofisticados sistemas de riego que calman la sed de la tierra, animales pastando libres y en cómodas instalaciones, viñas luchadoras que se alzan sobre las piedras…

Defender la agricultura, la viticultura y la ganadería es luchar por mantener vivos todos esos paisajes que cuentan nuestra historia. La importancia del sector agrícola y ganadero -importantes motores económicos en Aragón- es decisiva para entender quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí. La fragilidad que acecha a los pueblos más pequeños, muchas veces abandonados a su suerte, sería una amenaza mucho más certera si no fuera por el trabajo en las zonas rurales. Conservar nuestro entorno y nuestra esencia es nuestra responsabilidad histórica. Se lo debemos. A la tierra y a sus gentes.

Por eso para nosotros es un orgullo enorme continuar con ese sacrificado -pero precioso- trabajo en los campos, tomando el relevo de varias generaciones familiares. Nuestra aventura comenzó hace más de 40 años con la plantación de diferentes variedades de melocotones -uno de nuestros productos estrella-, y poco a poco fuimos aumentando la producción para ofreceros más variedades de fruta: paraguayos, peras, nectarinas, cerezas, albaricoques… todas ellas en su justo momento de recolección (¡por eso están tan frescas y deliciosas!).

En los campos de Albalate de Cinca (Huesca) moran nuestros frutales, a los que tratamos con el máximo respeto y mimo. Ya sabéis que apostamos por un modelo de producción sostenible y artesanal, dejando madurar la fruta en el árbol y sin utilizar pesticidas. Así el producto conserva todos sus nutrientes y antioxidantes, además de un sabor auténtico y una frescura incomparable.

Por supuesto, vamos a seguir defendiendo esta agricultura tradicional con todas nuestras fuerzas, a nuestras tierras y sus frutos; al maravilloso paisaje aragonés.

 

 

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