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Historias de otoño

Es inevitable (¡qué palabra!). El equinoccio marca el punto más alto del sol sobre el cénit -que queda a la misma distancia de los dos polos y el día dura exactamente lo mismo que la noche-, y los días van haciéndose cada vez mas cortos, con la sombra de la noche acechando en el horizonte. El domingo comienza el otoño, y con él llega el fin de la temporada de nuestras frutas auténticas. Nuestros melocotones, nectarinas, peras… dan paso a calabazas, setas, castañas, membrillo… es tiempo de recoger otros generosos frutos de la tierra, de subirnos los calcetines y respirar el aroma a tierra húmeda.

Aunque muchos asocien el otoño a la caída de las hojas la palabra significa, literalmente, “la plenitud del año“: llega el momento de cosechar lo sembrado y prepararse para el nuevo ciclo. Hay quien también defiende que “otoño” se relaciona con Vertumnus, o Vertumno, Dios y Señor de los campos al que todavía adoran aquellos que aman la tierra🙋‍♀️.

El otoño también es muy importante en la mitología clásica: coincide con el regreso de la Diosa Perséfone al Inframundo. La hija de Zeus (Dios soberano y Rey del Olimpo) y Deméter (Diosa de la agricultura) protagonizó el rapto más famoso de todos los tiempos. Hades, Dios de la Muerte y Señor de las Sombras, se enamoró de ella con tanta fiereza que acabó secuestrándola -momento retratado en la magnífica escultura “El rapto de Proserpina”, de Bernini- y arrastrándola con él al mismo Infierno, donde la convirtió en su reina. Deméter la buscó desesperadamente, y tal fue su tristeza y furia por la pérdida de su hija que lanzó una terrible maldición: juró que los campos serían estériles hasta que apareciera.

Zeus, que estaba al tanto del secuestro, imploró a su hermano que la liberara; ella podría volver a casa mientras no hubiera probado ningún alimento en el Reino de los Muertos. Pero antes de emprender el camino de regreso a la Tierra, cogió una granada y comió siete granos…

Entonces surgió aquel famoso pacto que cambiaría la Historia del mundo: Perséfone caminaría para siempre entre el reino de los vivos y el de los muertos. Cuando regresa junto a su madre en primavera, los campos despiertan y se vuelven fértiles. Al marcharse al Tártaro junto a Hades, Deméter se sumerge en una tristeza profunda que contagia a los campos: el viento arranca las flores, las hojas se secan y caen, y la tierra queda desolada. Eterno ciclo que se repite año tras año. Perséfone, “la que lleva la destrucción” (en Roma Proserpina, “la temida”), es una Diosa temible y benevolente, reina del Inframundo y a la vez portadora de vida en el mundo de los mortales.

Para los celtas, el equinoccio de otoño significaba entregarse a la celebración de Mabon, una fiesta sagrada en honor al Dios de la fertilidad en la que agradecían a los dioses su generosidad por los frutos cosechados, que se compartían en un gran banquete.

Hoy, la naturaleza nos dice que ha llegado el tiempo de que la tierra y los agricultores descansen. ¡Hasta pronto!🍁😊

 

 

 

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