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Cinco trucos para ahorrar en la cocina

Somos conscientes de que septiembre es el drama hecho mes -a nosotros nos parece El Mes, será que nos va el drama-, pero tenemos un plan de contingencia para que sea un poco más llevadero. No pensamos renunciar a nuestro placer predilecto -comer bien- ni con economía de guerra, así que vamos a compartir con vosotros nuestros cinco #trucosAuténticos para ahorrar en la cocina, y ayudaros a comer todavía mejor salvaguardando vuestros ahorros de la catástrofe doméstica 💣:

1- Planificar como forma de vida: el nuevo mantra del verano (con permiso del “yo ya no quiero ná” de Lola Índigo) es que hay que comprar solo lo que se vaya a comer. Nada de ir al supermercado con ansia -se os va a ir de las manos aunque penséis que sois más fuertes que ese agujero negro que forman sus hipnóticos pasillos- ni de salirse de la lista espartana previamente escrita (conste que meter dos o tres cosas de más no cuenta como rebelión). Es fundamental hacer la compra de forma inteligente y ceñirse a los ingredientes que necesitamos. ¿Y cómo saber qué es lo que necesitamos sin sucumbir a la tentación? Planear las recetas de la semana es la clave, el paso ineludible; la madre de todas las batallas. Y cabeza fría, amigos. O estaréis perdidos.

2- Elegir siempre productos de temporada: los productos de temporada están en su mejor momento y son más económicos -durante un periodo determinado su disponibilidad en el mercado es mayor y, por tanto, su precio es más bajo-. También son más nutritivos, ya que al estar recién recolectados, mantienen intactas sus propiedades. Además, respetando la temporalidad contribuimos a respetar el medio ambiente, porque el gasto energético en transporte y distribución se reduce y se evitan los monocultivos intensivos. En nuestro post de frutas y verduras de verano tenéis los alimentos más apetecibles de la estación fogosa: ¡no os podéis perder nuestros frescos y jugosos melocotones Auténticos!

3- Cocinar al menos una vez al día: sabemos que a veces da una pereza infinita y que no os da la vida para tanta actividad; pero aunque no lo creáis, cocinar es un gran ejercicio de ahorro -además de un gran placer-. Aleja el fantasma de los precocinados (que son más caros) y, además, nos asegura el táper del día siguiente. Por ejemplo, si preparáis nuestras croquetas de pera y camembert y os dais un homenaje gourmet nocturno, optimizáis recursos convirtiendo las sobras en vuestra cena… ¡y en el aperitivo de mañana! (Además, las croquetas no caseras congeladas son un s-a-c-r-i-l-e-g-i-o).

4- Vigilar las cantidades que servimos: a priori puede parecer una tontería, pero es real. Las asosiaciones de consumidores insisten en que la comida que se queda en los platos suele tirarse prácticamente siempre (y ya sabemos cuánto les gusta a madres/padres/abuel@s servir platos para un batallón). Nosotros somos de darle una segunda vida a todo, así que no compartimos esta opinión; pero sí es cierto que es mucho mejor servir raciones pequeñas, y repetir si nos quedamos con hambre. Así podremos reutilizar las sobras sin contaminarlas y no nos arriesgamos a que la comida termine en la basura, que nos da una pena y rabia enormes.

5- Aprovechar los restos de comida: vale, a veces somos pesados con este asunto, pero es que nos parece muy importante ayudaros a evitar el desperdicio en vuestro día a día y reducir así vuestra huella alimentaria (¡y vuestro gasto👆!). Por eso os hemos dado varias ideas creativas para no desperdiciar fruta (saltarse la fecha de consumo preferente en algunos alimentos y fraternizar con el congelador también resulta bastante útil) que también podéis aplicar a otros alimentos. El secreto está en librarse de prejuicios y dejar que los sabores encuentren su camino (y siempre lo encuentran).

 

¿Listos para septiembre?

 

 

 

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